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jueves, 24 de septiembre de 2009

Los músicos escriben

Este mes, la revista Eñe ha publicado un número que incluye relatos de algunos músicos que todos conocemos: Nacho Canut, Fernando Alfaro, Germán Coppini, Francisco Nixon, Victor Coyote, Julio de la Rosa y Antonio Luque, que empieza la temporada también con el libro de relatos Matar en Barcelona y con Socorrismo.
Desde aquí recomendamos su lectura. Si no la encontrais en los kioskos buscadla en la web de La Fábrica, o en Bibliotecas, Centros culturales y Universidades.

miércoles, 8 de julio de 2009

Antonio Luque vuelve en septiembre...

... con su primer libro!


Por fin Antonio Luque se pasa al bando de la literatura. En su debut, el líder del grupo Sr. Chinarro nos obsequia con dos relatos, Socorrismo y La Mina, en los que el realismo burlesco de Mortadelo y Filemón se combina con la mejor sorpresa lírica. En el primer relato, que da título al libro, Luque nos ofrece una historia de amor mágica y doliente entre dos tocayos, Augusto (de Valencia, España) y Augusta (de Valencia, Venezuela), ingeniero aristotélico él y afrodita nacida de las aguas ella. En el segundo relato, La Mina, Luque relata las aventuras y desventuras acontecidas en un pueblucho cuyos habitantes, de una u otra manera, están vinculados a la mina del lugar. A través de su visión afilada, el autor ensarta con ingenio refranero las tertulias en el Bar Petardo, las andanzas del Club de fútbol Atlético Minero y los peligrosos peligros de la cianuración. El mejor Antonio Luque en estado puro.

Antonio Luque (Sevilla, 1970) es conocido por su labor al frente del grupo Sr. Chinarro myspace.com/srchinarro Su imaginario costumbrista y onírico, cercano a la poesía de Lorca o Diego Jesús Jiménez, pasado por el cedazo del humor, le han merecido ser aclamado por la crítica más exigente del país como el mejor compositor y letrista de su generación. Con Socorrismo y su relato en la antología Matar en Barcelona, se lanza por primera vez a las turbulentas aguas de la creación literaria.

jueves, 16 de abril de 2009

Explicaciones no pedidas (por Antonio Luque)

La mente de Antonio Luque continúa centrifugando: en el último texto incluido en la web Playground habla de su nuevo disco, de las inmobiliarias y de las cintas TDK de seguido y todo tiene sentido (y guasa). Para muestra un botón:
"[...] estoy dando permanentemente la tabarra con la conveniencia de lo analógico frente a lo digital y bla, bla, bla. En un supermercado, junto a los condones y los chicles, vi el otro día cintas TDK de 60. Tres por un euro. No me pude resistir, ahí está el estante lleno."

Por dios, léanlo.

miércoles, 18 de marzo de 2009

El nombre perdido de la espalda


"El nombre perdido de la espalda" el es título de un nuevo texto que Antonio Luque (aka Sr Chinarro) acaba de publicar en Playground. Una finísima reflexión sobre la portabilidad (y calidad) de la música y un anecdotario sobre lo que la gente se llega a tragar. Extraña conexión que te despertará una sonrisa.

miércoles, 11 de febrero de 2009

"Dificultades" de Antonio Luque

"Dificultades" es el título de la última columna de Antonio Luque en Playground, una nueva sucesión de reflexiones a bote pronto escritas con la maestría que sabeis que le caracteriza.
Un ejemplo: La gente suspicaz encuentra un motivo para el suicidio en cada frase. Los inocentes viven instalados en su único día. Los autores malos se empeñan en llevar una vida digna de ser contada, sin tiempo para más que unas cuantas ráfagas de vida telefónicamente compartible. Otros, ya hartos, se encerraron en su habitación y la forraron con corcho."
El resto, aquí.

viernes, 19 de diciembre de 2008

El ruido y la furia


En el número de diciembre de la revista Esquire, Antonio Luque es el protagonista de la firma invitada y escribe un texto -genial, en su linea- titulado "El ruido y la furia" en el que reflexiona sobre la sociedad española actual y la ciberpiratería. Aquí os reproducimos un extracto:

"Escribo esto desde un cibercafé, como un etarra. Los paranoicos pensaban que tenían el teléfono pinchado cada vez que sonaba algo raro en la línea. ¿Quién iba a decirles a los locos que la gente acabaría pagando para poder airear sus vergüenzas en público? Por unos cuarenta/setenta euros al mes uno puede colgar fotos comprometedoras en las redes sociales para que el jefe o los compañeros cotillas (todos) de trabajo (poquito), lleven más lejos de la cuenta las suposiciones que hacen a partir de secretos que, como espías de guerrilla sucia de portal de vecinos corraleros, averiguan. Pagar por dejar constancia, por escrito, de la novela vulgar de diálogos tontamente abreviados que mantenemos con todos los que creemos conocer porque tenemos su dirección de correo electrónico.
Si algún día, en un hipotético juicio contra mí (yo no he hecho nada, ni pienso hacerlo), algún fiscal llevase todas las conversaciones que he mantenido por chat desde el día, no muy lejano, en que descubrí el invento, yo mismo me condenaría a muerte, sin esperar el veredicto de un juez que haría bien en seguir entregado al vicio de la pereza, el que colapsa cualquier empresa en la que el ordenador pueda ser utilizado también para chatear. Ah, la justicia. Yo mismo me condenaría, porque sabiendo cómo somos cualquier acción me parece ya estúpida, y no me parece tan diferente estar rodeado que estar encerrado. ¡Por eso chateé!"